El boom global del matcha: cómo la Gen Z impulsa una nueva era en el QSR

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El matcha, ese polvo verde brillante que durante siglos formó parte de ceremonias japonesas, se ha convertido en el nuevo objeto de deseo de la Generación Z. Lo que antes era un ritual cultural reservado a expertos del té, hoy se encuentra en cafés de barrio, cadenas QSR y en las redes sociales, donde hashtags como #MatchaTok acumulan decenas de millones de visualizaciones.

De ceremonia ancestral a tendencia global

La producción de matcha es un proceso artesanal lento: requiere sombrear los cultivos durante semanas, moler las hojas con piedra y producir apenas 40 gramos por hora. Sin embargo, la demanda actual ha sobrepasado la capacidad productiva:

  • En regiones como Kyoto, los cultivos enfrentan cosechas débiles debido al calor extremo.
  • Exportaciones de té verde japonés crecieron un 25% en 2024, según datos oficiales.
  • En mercados como EE. UU. y Europa, los pedidos de matcha que antes duraban un mes ahora se agotan en días.

El resultado: precios al alza, desabastecimiento en tiendas especializadas y restricciones en la venta de latas premium.

El empuje de la Gen Z

Más allá de su sabor y sus beneficios saludables (antioxidantes, energía sostenida, sensación de bienestar), la matcha es un producto aspiracional para los jóvenes consumidores. Para la Gen Z, pedir un matcha latte no es solo un acto de consumo, sino también un statement cultural y estético:

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  • Visualidad: su color vibrante encaja perfecto con Instagram y TikTok.
  • Bienestar consciente: se percibe como una alternativa más saludable al café.
  • Identidad global: conecta con la cultura japonesa, hoy reforzada por el boom del turismo en Japón.

Este perfil explica por qué el matcha está entrando con fuerza en el sector QSR (Quick Service Restaurants), desde Starbucks en Reino Unido hasta Krispy Kreme en Asia, que ya lanzan productos icónicos con este ingrediente.

El reto para las marcas QSR

Para las cadenas de comida rápida y casual, el matcha representa una oportunidad estratégica:

  1. Atracción de un público joven que busca experiencias distintas a las tradicionales bebidas carbonatadas o al café de máquina.
  2. Posicionamiento premium en categorías de bajo margen: un matcha latte se vende a precios más altos, con costes de insumo controlables.
  3. Versatilidad: se adapta tanto a bebidas calientes y frías como a postres y panadería.

Pero también hay riesgos:

  • Oferta limitada y precios crecientes que amenazan la rentabilidad.
  • Educación al consumidor: el uso de matcha de baja calidad en recetas diluye el valor cultural del producto.

Una moda que se convierte en categoría

Para los expertos en marketing gastronómico, la pregunta ya no es si el matcha es una moda pasajera, sino cómo convertirla en categoría estable dentro del QSR. Al igual que ocurrió con el café latte en los 90 o el bubble tea en los 2010, el matcha puede consolidarse como parte esencial del menú global.

Conclusión JLP

El boom del matcha refleja cómo la Gen Z está transformando los hábitos de consumo en la gastronomía: buscan salud, estética, identidad cultural y novedad en un solo producto.

El reto para las marcas no es solo incluir el matcha en su menú, sino hacerlo con coherencia, autenticidad y sostenibilidad. Porque lo que empezó como tendencia digital ya se está convirtiendo en un fenómeno cultural que redefine el sector QSR en todo el mundo.

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