
El sector del pollo frito ha sido, sin duda, uno de los ganadores de los últimos años dentro del fast food. Solo en 2024, las cadenas especializadas en esta categoría registraron un crecimiento del 4,3% en tráfico, superando ampliamente a las de comida rápida general (1,3%) y a las de fast casual (2,4%), según datos de The Food Institute.
Sin embargo, detrás de las cifras récord de Chick-fil-A, Popeyes y Raising Cane’s, tres gigantes que dominaron el mercado estadounidense, también se esconde un escenario de tensión financiera para las marcas medianas y franquicias locales que no lograron sostener la misma rentabilidad.
El crecimiento del sector no salvó a todos
El aumento de la demanda de pollo frito impulsó a los grandes jugadores, pero no todos pudieron surfear la ola. Varias franquicias pequeñas se vieron obligadas a acogerse al Capítulo 11 de bancarrota durante 2024 y 2025 para reestructurar deudas y evitar cierres definitivos.
Uno de los casos más recientes es el de De’nsite Inc., operador de los locales Harold’s Chicken of Homewood, con presencia en Illinois, que presentó su solicitud de protección por bancarrota el pasado julio. La compañía, que gestiona tres restaurantes en Homewood, South Holland y Olympia Fields, declaró activos por hasta 50.000 dólares y pasivos entre 500.000 y un millón de dólares.
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Aunque el objetivo del proceso es reorganizar el negocio y mantener operaciones, la situación refleja una tendencia creciente: las pequeñas y medianas cadenas de comida rápida están quedando atrapadas entre la inflación, la competencia y el alza de los costos operativos.
Una tendencia que se repite
El caso de Harold’s no es aislado. En febrero de 2024, RRG Inc., operador de 17 franquicias de Popeyes en Georgia, también solicitó protección judicial tras el bajo desempeño de tres de sus locales que afectaron la rentabilidad de todo el grupo. Y solo dos meses después, Sticky’s Holdings, cadena de “chicken fingers” con sede en Nueva York, siguió el mismo camino al no poder recuperarse del descenso de tráfico postpandemia y del aumento en los precios de materias primas.
Sticky’s contaba con 12 locales en Nueva York y Nueva Jersey al momento de la declaración, pero ya ha cerrado la mayoría y advirtió que podría cesar operaciones por completo antes de finalizar 2025.
El desafío oculto del éxito: crecer con sostenibilidad
Paradójicamente, mientras la categoría del pollo frito vive su mejor momento en ventas, el sobre apalancamiento financiero y los costos crecientes están dejando fuera de juego a los operadores más pequeños. En un entorno donde el consumidor exige conveniencia, precio y calidad, la eficiencia operativa y la capacidad de adaptación se convierten en los verdaderos diferenciadores.
Para las franquicias medianas, la lección es clara: el éxito en el producto no garantiza estabilidad en el modelo. Estructurar correctamente los costos, optimizar la cadena de suministro y diversificar ingresos (delivery, dark kitchens, formatos pequeños) son hoy herramientas de supervivencia más que estrategias de expansión.
Una industria que sigue reconfigurándose
A medida que las grandes cadenas continúan fortaleciendo su presencia global, el resto del ecosistema gastronómico enfrenta un punto de inflexión. Los próximos años definirán quiénes logran adaptarse a una realidad más eficiente y digitalizada (y quiénes quedarán como parte de las estadísticas del exceso de expansión).
El mensaje que deja esta ola de bancarrotas es contundente: en el foodtech y la restauración moderna, no basta con crecer; hay que saber reestructurar a tiempo.
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