
En los últimos años, mientras muchos daban por “agotada” la innovación en bebidas sin alcohol, Estados Unidos ha visto explotar una categoría inesperada que está llenando drive thrus, redes sociales y estados financieros: las dirty sodas. Un concepto aparentemente simple que nació en un pequeño local en Utah y que hoy inspira a cadenas de fast food, cafeterías, conceptos casual dining e incluso restaurantes que jamás imaginaron vivir de refrescos (sodas, gaseosas) personalizados.
Para cualquier operador gastronómico que mire tendencias, esta ola no es un simple capricho pasajero. Es un caso claro de cómo un producto bien pensado, con alto margen y fuerte componente emocional, puede convertirse en un driver de tráfico, ticket promedio y recordación de marca. Sobre todo para mercados internacionales que todavía pueden llegar temprano a la categoría.
Qué es exactamente una Dirty Soda
En su versión más clásica, una dirty soda es una mezcla personalizada de:
- Base de soda o refresco (Coke, Dr Pepper, Sprite, etc)
- Jarabe o sirope de fruta
- Algún tipo de creamer o lácteo (nata, half and half, sweet cream, cold foam)
A partir de ahí, la categoría se ha ido expandiendo:
Antes de continuar,
¿conoces el ecosistema #1 para Negocios Gastronómicos?
4mil miembros en 9 países
▪Informes, tendencias, herramientas
▪Consultorías, webinars, cursos
▪Expansión de Franquicias, Inversión
- Algunas cadenas usan como base agua con gas, bebidas energéticas, té frío o incluso agua normal.
- Se suman frutas frescas o congeladas, compotas, toppings, crema batida, sprinkles, gomitas y espumas de sabores.
- El resultado final es una bebida colorida, muy “instagrameable”, con nombre propio y gran capacidad de personalización.
En resumen, no es solo un refresco. Es un postre bebible, una experiencia, una excusa social y una pieza de contenido para redes, todo al mismo tiempo.
De un local en Utah a una categoría nacional
La historia arranca con Nicole Robison, fundadora de Swig, una pequeña soda shop que abrió en 2010 en St. George, Utah. Su insight fue tan sencillo como poderoso: mucha gente pasaba por el drive thru a buscar siempre lo mismo, se sentía un número más en la fila y no encontraba una bebida realmente “suya”.
En ese primer Swig, Nicole empezó mezclando refrescos de marca con unos pocos shots de sabor. Atendía ella misma, hablaba con los clientes, probaba combinaciones, recogía feedback. Su objetivo no era “inventar el refresco del futuro”, sino crear un lugar donde la gente se sintiera vista, donde pedir una bebida fuera un gesto de autocuidado rápido y barato.
Quince años después:
- Swig tiene más de 100 locales en 16 estados.
- Supera los 50 millones de dólares en ventas, con crecimientos cercanos al 40 por ciento anual.
- Fondos e inversores estratégicos han apostado por la marca.
- La categoría dirty soda se ha vuelto tendencia en redes, especialmente en TikTok e Instagram.
Lo interesante es que el término “dirty soda” ni siquiera nació dentro del equipo de marketing. Fueron clientes que bautizaron el famoso “dirty Dr Pepper” (Dr Pepper con coco y crema), la etiqueta explotó en redes, llegó a celebridades como Olivia Rodrigo y el fenómeno dejó de ser local para convertirse en cultura pop.
Del nicho mormón a la Generación Z y más allá
Un detalle clave que muchos pasan por alto: el boom de dirty sodas está muy vinculado a consumidores que no toman alcohol o que han reducido drásticamente su consumo, como parte de la tendencia “sober curious”.
En Utah, buena parte del público mormón no bebe alcohol. Las dirty sodas se transformaron en su “happy hour” alternativa. Bebidas divertidas, indulgentes, fotogénicas y socialmente compartibles, pero sin contenido alcohólico.
Luego el concepto saltó de ese nicho al mainstream, impulsado por tres factores:
- Redes sociales:
Cada vaso es una pieza de contenido visual. Capas de colores, espumas, frutas, toppings. Perfecto para TikTok, Reels y Stories. - Personalización:
Listas enormes de combinaciones posibles que permiten que cada cliente sienta que tiene “su” bebida. - No alcohol pero sí experiencia:
Para muchos jóvenes, no tomar alcohol no significa renunciar a la experiencia de pedir algo especial, diferente al refresco de toda la vida.
No es casual que cadenas como TGI Fridays y Logan’s Roadhouse hayan incorporado versiones de dirty sodas, algunas con opción de “boozed up” añadiendo un shot de vodka, ron o Jack Daniels. Es decir, una misma lógica de producto que sirve tanto a quienes no quieren alcohol como a quienes buscan una versión mixta.
Ejemplos concretos del boom
Algunos movimientos que muestran la fuerza de esta tendencia:
- Swig:
Más de 70 bebidas curadas en carta, más la opción de crear combinaciones propias. Dirty sodas, energéticas propias, frozen cream pops, snacks y un formato pensado para servicio rápido, menos de 60 segundos por bebida. - Jack in the Box:
Lanzó su “Twisted Soda”, por ejemplo Strawberry Twist con Sprite, fresa, crema dulce y vainilla, y una versión con Fanta naranja. - Burgerville:
Cadena del noroeste de Estados Unidos que no usa el término “dirty soda” por su enfoque de ingredientes “clean label”, pero que en la práctica ofrece bebidas muy similares: seltzers, tés y limonadas con siropes naturales, compotas de frutas locales y “cloud cream”. - Cadenas casual dining:
TGI Fridays y Logan’s Roadhouse lanzaron líneas completas de dirty sodas, con nombres llamativos, fotos poderosas en menú y la opción de añadir energéticas o alcohol según el perfil del cliente.
La clave común: ticket promedio más alto, mayor frecuencia de visita, rotación de sabores por temporada y producto fácilmente escalable a nivel de operaciones.
Por qué los mercados internacionales deberían prestar atención
Aquí es donde entra la pregunta importante para operadores en Latinoamérica, Europa y otros mercados: ¿es esto solo cosa de Estados Unidos o hay una oportunidad real?
Desde la mirada de JLP GLOBAL, la respuesta es clara: hay una ventana de oportunidad muy interesante para quienes se muevan primero y adapten el concepto a su cultura local.
Algunas razones:
- Tendencia global hacia bebidas “especiales” sin alcohol
El crecimiento de mocktails, café de especialidad, tés de autor y bebidas funcionales muestra que el cliente está dispuesto a pagar más por algo distinto, aunque no tenga alcohol. - Alto margen y bajo costo de implementación
Una dirty soda bien diseñada se construye con base en productos de bajo costo: refrescos, siropes, cremas, frutas. Lo que genera valor no es el coste del insumo, sino el diseño del producto, la experiencia y el storytelling. - Enorme flexibilidad para adaptar a sabores locales
- En México: tamarindo, jamaica, mango, chamoy.
- En Perú: maracuyá, chicha morada, lúcuma.
- En España: melocotón, frutos rojos, horchata como base, cítricos locales.
- En Colombia: lulo, maracuyá, uchuva, mora.
- Perfecto para conceptos de franquicia y cadenas en expansión
Es un producto replicable, fácil de estandarizar, ideal para escalamiento. Manuales, recetas, estaciones de bebidas, fotos de catálogo y rotación de sabores por temporada. - Alineado con redes sociales y generación joven
No se trata solo de vender una bebida, sino de crear “momentos compartibles”. Vasos de diseño, nombres divertidos, lanzamientos mensuales, colaboraciones con influencers y creadores de contenido.
Cómo puede empezar un restaurante con la categoría
Para un operador que quiera probar este camino, un enfoque práctico podría ser:
- Empezar con 4 a 6 dirty sodas de carta, no con 50 combinaciones.
- Definir una base por tipo de cliente: refresco, agua con gas, té helado, energética.
- Seleccionar 3 a 5 siropes o purés de fruta de alta rotación.
- Crear una o dos cremas especiales de la casa, por ejemplo “cream cloud de vainilla y coco” o “cream de maracuyá”.
- Diseñar nombres, fotos de alto impacto y una historia detrás, no solo listado de ingredientes.
- Medir impacto en ticket promedio, upsell y percepción de marca.
No hace falta montar una “Swig” desde cero. Basta con integrar la lógica de dirty sodas a la propuesta actual, de forma coherente con la identidad del negocio.
En JLP GLOBAL venimos siguiendo de cerca la evolución de la categoría de bebidas en cadenas de fast casual y QSR en Estados Unidos, y ayudamos a marcas en distintos países a diseñar sus propias líneas de bebidas de alto margen, incluyendo conceptos tipo dirty soda adaptados a la realidad local.
Si estás pensando en crear un menú de bebidas más rentable y alineado con lo que viene para la próxima generación de clientes, podemos ayudarte a estructurarlo, probarlo en un piloto y convertirlo en una palanca real de crecimiento para tu marca.
Recibe las últimas noticias en tu inbox
Mantente informado con JLP.







