Cadena de pizzas le dice “no más” a Uber Eats

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Lo que pasó con esta cadena de pizzas en Estados Unidos no es un caso aislado. Es otra señal de un problema que lleva años creciendo en silencio dentro del sector gastronómico, muchas marcas operan en apps de delivery sin saber realmente si ese canal les deja dinero o simplemente les deja volumen.

Rave Restaurant Group, operador de más de 230 locales bajo Pizza Inn y Pie Five Pizza Co, decidió cortar su relación con Uber Eats después de una nueva subida de comisiones que, según sus directivos, dejaba pedidos con rentabilidad casi nula. En algunos casos, los cargos llegaban hasta el 30%. La empresa prefirió salirse del canal antes que seguir absorbiendo ese costo o trasladarlo al cliente con nuevos aumentos de precios.

A simple vista, parece una pelea comercial entre una cadena y una plataforma. Pero en realidad va de algo más profundo. Va de estructura de negocio.

El verdadero problema no es la app

Durante mucho tiempo, muchas marcas entraron a las apps porque parecía una decisión obvia. Más visibilidad, más tráfico, más pedidos, más alcance. Y en parte era cierto. Las apps sí trajeron demanda, conveniencia y exposición.

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Pero una cosa es vender más, y otra muy distinta es construir un canal rentable.

Ahí es donde empieza el problema. No todos los negocios gastronómicos cuentan con una estructura de costos que les permita convivir con comisiones de ese nivel. Y lo peor es que muchos no lo saben. Ven crecer el número de pedidos y asumen que el canal funciona, cuando en realidad podría estar drenando margen, complicando la operación y deformando el modelo.

Hay marcas que sí pueden jugar bien este partido. Negocios con buen margen bruto, productos diseñados para delivery, procesos estables, empaque correcto, ticket promedio suficiente y una estructura capaz de absorber la comisión sin destruir la utilidad. Para ellos, las apps pueden ser una palanca real de crecimiento y una fuente potente de tráfico.

Pero hay otras marcas que no. Marcas que ya venían con una carta mal estructurada, pricing débil, costos poco controlados, operación frágil o una propuesta que simplemente no fue pensada para ese canal. Cuando esas marcas entran a apps, no están escalando. Están amplificando un problema que ya existía.

El delivery tercerizado expone lo que el negocio realmente es

Las apps no inventan el problema. Lo hacen visible.

Si un negocio no soporta una comisión del 20%, 25% o 30%, la pregunta no debería ser solo si la plataforma está cobrando demasiado. La pregunta más incómoda es otra, si el negocio estaba realmente preparado para operar ahí.

Eso cambia completamente la lectura.

Porque el canal delivery de terceros no debería evaluarse solo por ventas. Debería evaluarse por contribución real al negocio. Cuánto deja. Cuánto desgasta. Qué exige a cocina. Qué impacto tiene sobre precios, tiempos, experiencia, recompra y dependencia comercial.

Muchas marcas confunden movimiento con rentabilidad. Y ese error cuesta caro.

Salirse de las apps tampoco es una decisión simple

En los últimos años hemos visto un número creciente de marcas que deciden abandonar parcial o totalmente las apps para construir su propio canal. Web propia, WhatsApp, CRM, campañas directas, base de datos, fidelización, tráfico propio. La lógica detrás de esa decisión es clara, recuperar control, mejorar margen y dejar de depender de un tercero para acceder al cliente.

Pero salirse de las apps no es una decisión romántica ni sencilla.

Construir canal propio exige marca, inversión, sistema comercial, tecnología, retención, disciplina y una operación capaz de sostener la experiencia. No basta con salir de Uber Eats o de cualquier plataforma y esperar que el cliente llegue solo. Hay que reemplazar ese flujo con una estrategia real de adquisición y recompra.

Por eso no todas las marcas deberían salir de las apps, así como tampoco todas deberían estar ahí.

El problema no es elegir entre una cosa o la otra. El problema es tomar esa decisión sin entender el ADN económico del negocio.

Lo que esta noticia deja al descubierto

El caso de Rave Restaurant Group deja varias lecciones para el sector.

Primero, que el delivery tercerizado ya no puede verse como un canal incuestionable. Cada vez más marcas están revisando su verdadero costo.

Segundo, que el crecimiento del canal no significa que funcione igual para todos. Lo que para una marca es una oportunidad, para otra puede ser una fuga silenciosa de rentabilidad.

Tercero, que el pricing del negocio, la estructura de costos y el diseño del menú importan más que nunca. Porque si una marca necesita subir precios para sobrevivir dentro de la app, también puede empezar a romper la percepción de valor frente al cliente.

Y cuarto, que la dependencia excesiva de un solo canal siempre termina pasando factura. Cuando el tráfico no es tuyo, el cliente tampoco lo es del todo.

La lectura para restaurantes, franquicias e inversionistas

Para un restaurante independiente, esto obliga a hacerse una pregunta básica pero decisiva, ¿mi negocio gana dinero con este canal o solo factura más?

Para una franquicia, el análisis es todavía más delicado. Si el modelo no está bien diseñado para convivir con delivery, el problema no se queda en una unidad. Se replica. Y cuando se replica, afecta franquiciados, soporte, pricing, estandarización y percepción de marca.

Para un inversionista o operador multiunidad, esto ya no es una conversación táctica. Es una conversación de arquitectura de negocio. Qué canal conviene. Qué canal destruye margen. Qué canal ayuda a construir marca y cuál solo presta volumen temporal.

Esto no va solo de delivery. Va de diseño estratégico.

No todos saben ver esto a tiempo

Y aquí hay una diferencia que el mercado todavía subestima. Este tipo de decisiones no se resuelven solo mejorando procesos operativos dentro del restaurante. Se entienden desde la estructura del negocio, desde su rentabilidad real, desde el rol de cada canal y desde el ADN de la marca.

Por eso muchas marcas terminan recurriendo a Consultores Estratégicos, no solo a consultores tradicionales operativos que se limitan a mejorar procesos internos. Identificar si un negocio debe operar en apps, renegociar su presencia o construir un canal propio desde una lógica sostenible, exige una lectura mucho más profunda. Precisamente ese tipo de criterio es parte de lo que enseñamos en nuestro Programa de Capacitación para Consultores Estratégicos.

La pregunta no es si las apps sirven o no sirven.

La pregunta es si tu negocio fue construido para ganar dinero dentro de ellas.

En JLP GLOBAL trabajamos con marcas en Estados Unidos, España y Latinoamérica, ayudándolas a ordenar su modelo, mejorar rentabilidad y prepararse para escalar con criterio, sistemas y tecnología aplicada.

Si quieres llevar tu negocio a ese nivel, puedes agendar una consulta inicial gratuita con nuestro equipo.

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